Una y otra vez la Biblia habla de una copa de la ira que posteriormente se vierte en contra de los pecadores. Es una copa llena hasta el borde de la ira perfecta de un Dios perfectamente justo.

La copa de la ira fue destinada a nosotros para bebamos de ella, pero en un acto inimaginable de compasión, Dios intervino y tomó esa ira sobre sí mismo.


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