Si no predicamos el evangelio llamando a la gente al arrepentimiento por la aplicación de la Ley de Dios (la Ley moral), corremos el riesgo de crear “falsos convertidos”.

Jesucristo nos avisó de este peligo en Mateo 7.21-22· Muchos le dirán al Señor en aquel día de juicio: “¡Señor! ¡Señor!” y dirán que conocen a Cristo, pero son hacedores de maldad.