Cuando oramos se estrecha nuestra relación con Dios.

Los buenos amigos no se comunican solo cuando necesitan algo, sino en cualquier momento, porque se interesan el uno en el otro. Su amistad se va fortaleciendo a medida que se expresan con toda libertad sus pensamientos, preocupaciones y sentimientos.

La oración nos permite expresar a nuestro Padre celestial pensamientos y sentimientos más íntimos. De esta forma nos acercamos más a ÉL

“Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros.
Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble ánimo,
purificad vuestros corazones”
Santiago 4.8
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